Relato 57 - EL SONIDO DE LAS CAMPANILLAS

Una noche más en la vida, una noche más y tú a oscuras en la habitación, una noche más en la que estas convencido de que no te podrás librar de aquel fenómeno misterioso que parece que nunca dejará de suceder.

 

 No puedes dejar de pensar en la causa de ese sonido que cada noche impide que ingreses al mundo de Morfeo para regocijarte en los más dulces sueños; aún no lo escuchaste esta noche pero permaneces atento y en silencio a la espera de ese tintinear de campanillas que te persigue, te tortura, te envuelve y te lleva hasta los límites de la paranoia impidiendo que concilies el sueño. Ese sonido de campanillas que parecen repiquetear desde tu interior calándote los huesos se manifiesta cada noche, sin excepción, desde aquel día en que aquella ingrata mujer a la que le entregaste tu pasión, tu amor y tu corazón te dijo adiós y, sin siquiera sentirse tocada por la sensibilidad cuando te vio llorar por su despedida, se alejó para siempre de tu vida, si es que puede llamarse vida a este morir emocional de cada día y a este sufrimiento espiritual de cada noche.

 

Ya se escuchó el primer sonar de las campanillas y aún sigues sumido en los pensamientos del origen de tu tortura nocturna, conoces a la perfección el lugar y sabes que no hay cosa alguna en el lugar que pueda emitir ese sonido, sabes también que es imposible el ingreso de delincuentes, bromistas o cualquier otro humano que pueda ser el autor material de aquel castigo inmerecido que hace que no puedas dormir por las noches; los primeros tiempos tratabas de engañarte a ti mismo inventando cualquier excusa, -“deben ser ratones, el reloj, mi imaginación” – solías pensar.

 

El segundo repiqueteo todavía hace eco en todas las habitaciones de la casa y tratas de adivinar qué hora es, será la 1, las 2, las 3, en la oscuridad que envuelve tu habitación no tienes noción del tiempo pero a pesar de eso solo deseas que llegue pronto el amanecer. Casi llegaste a acostumbrarte y a convivir por las noches con ese sonido de campanillas, pero esta noche, esta noche sientes el miedo en tu ser. Jamás temiste a los fenómenos sobrenaturales y siempre te sentías atraído por ellos y es por eso que no temías a nada en la vida, pero esta noche, esta noche de gorro y bufanda, de soledad y olvido, de amor herido, de corazón partido, esta noche de invierno en la que el frio llega hasta el fondo de tu alma haciendo que las heridas que dejaron su falso amor, sus mentiras, sus labios engañadores y su ligero cuerpo vuelvan a sangrar, esta noche, más precisamente esta noche en la que se cumple un año de su adiós y un año desde que esas campanillas perturban el silencio nocturno de tu hogar, esta noche sientes que es diferente, esta noche el miedo hace casa en tu ser.

 

 Y esta noche te pusiste a recordar a aquella mujer que con sus besos, sus palabras, sus abrazos y su cuerpo te juraba amor eterno, creíste cada una de sus mentiras y caíste rendido a sus pies, adorándola como la dueña de tu corazón y de tu amor y ella, al sentirse omnipotente y dueña absoluta de tu vida, decidió jugar con tu corazón. Cada una de sus supuestas muestras de afecto no hacían más que ilusionarte y sin embargo tú estabas tan cegado por el amor y no te dabas cuenta de aquel juego y cuando abriste los ojos a la realidad ya era demasiado tarde porque pusiste tu corazón en su altar y lo sacrificaste con la esperanza de mantener a tu lado su falso amor, pero como tú eras solo un juguete para ella, se marchó sin siquiera sentir pena ni lástima por tus lágrimas y ese sacrificio de amor. La vida hizo que en varias ocasiones se volvieran a cruzar pero aprendiste que a veces no es malo odiar a alguien y, en un solo paso, cambiaste el amor que sentías por ella en odio, pero a pesar de eso de esta pesadilla no te pudiste librar.

 

 Sabes muy bien que esta noche fría, casi gélida, como aquellas que compartiste junto a esa mujer, ella entregará su cuerpo a otro hombre, otro hombre diferente a ti, que significará para ella un juego más o su verdadero amor, quizás, ese verdadero amor que infinitamente hablaba de él como si fueras tú el fiel reflejo de sus idilios amorosos. Hace un par de noches atrás se cruzaron en la plaza principal de esta bondadosa y cruel ciudad, la viste acompañada por aquel hombre por el que te dejó pero eso no te dolió, tampoco fue el hecho de que al pasar a tu lado te ignorara completamente; lo que más te dolió a pesar de su compañía y su indiferencia fue tu soledad. Muchas veces te refugiaste en la soledad porque te permitía pensar mejor, te permitía reflexionar tranquilamente sobre tu vida, sobre tus errores, tus desgracias, tus dolores, tus sufrimientos, tus rechazos y desamores; pero esa noche, así como esta noche, la soledad duele, y en ese dolor recuerdas esa frase que leíste en algún lado: “la soledad es muy hermosa… cuando se tiene al lado alguien a quien decírselo”, pero tú sabes bien que no tienes más compañía que esta triste soledad, y en tu mente aun siguen rodando pensamientos y frases de grandes personajes, personas, humanos que, como todo humano siempre lleva una carga de dolor sobre sus hombros, quizás jamás tuvieron que sufrir como tú esta noche, esta noche que el miedo te tortura y que la soledad se divierte haciéndote compañía, ¡soledad! tortura para algunos, felicidad para otros, otros como el inigualable Gustavo Adolfo Bécquer, manifestación humana de la inspiración, la poesía hecha carne, que en una estrofa dice:

 

¡Ay de mi! Por más que busco

la soledad no la encuentro,

mientras yo la voy buscando

 mi sombra me va siguiendo

 

 Pero en esos momentos toda aquella admiración por Bécquer se transforma en desprecio ya que mientras él busca la soledad y no la puede encontrar, tú, sin buscarla, la encontraste, y esta a tu lado, junto a ti, en tu corazón, en tu alma, en tu espíritu, en tu esencia, en tu ser, en esta habitación, en este hogar.

 

 Un nuevo resonar de campanillas te trae de vuelta a la realidad abandonando ese vuelo filosófico en el que se embargó tu razón pero aún no entiendes porque si la soledad es tu única compañía se escucha ese campanilleo que te hace perder la paciencia cada noche, piensas y piensas pero jamás encuentras alguna explicación científica, lógica y racional; tampoco piensas que algún fenómeno sobrenatural, paranormal, esté sucediendo porque jamás creíste en esos dichos de apariciones, de espectros y maldiciones, las hadas y los gnomos y los duendes no existen para ti como para ser el chivo expiatorio de ese sonido que ya casi parece infernal, siempre afirmabas que debías ver para creer, pero esta noche no puedes ver nada por la oscuridad pero sin embargo algo recorre tu cuerpo haciendo que tu respiración sea cada vez más lenta y que tus pensamientos se vuelvan primitivos, - ¿qué es esta sensación extraña? – te preguntas, pero tú bien sabes que el miedo esta destruyendo tu ser desde adentro.

 

 Esta noche, esta noche es diferente, ves tu vida pasar ante tus ojos como si estuvieras viendo una película, pero en esta película solo ves tus momentos duros, tus momentos tristes, de desdicha e infelicidad, de llanto y dolor, de heridas imborrables y de un cruel desamor, esta noche sientes miedo, es vez primera de esta sensación y es por eso que sientes que te posee completamente impidiendo cualquier tipo de reacción en su contra; comienzas a pensar que Dios se quiere vengar de tu ateísmo, de tu falta de fe y escepticismo, esta noche, esta noche es diferente, nunca antes sentiste tan cerca el tintinear que pareciera que las campanillas se encontrasen al otro lado de la puerta de tu habitación.

 

Sientes la puerta abrir, no abres tus ojos, tu intuición te indica que no hay nadie más que tú y la soledad en la habitación pero sin embargo sientes tan cerca las campanillas, las sientes sobre ti, a tus costados, las sientes dentro de ti que parece que estuvieras por explotar con cada resonar. Sientes el miedo pero sin embargo decides saber de una vez por todas cual es el origen de ese sonido, cada minuto que pasa el sonido se vuelve más estridente y más envolvente como si estuviera anunciando un funesto final, pero de repente, el tañido se detiene y el silencio domina la habitación, la soledad hace más notoria su presencia, crees que ya amaneció pero tu reloj biológico te indica que estás equivocado, entones piensas que tu sufrimiento de cada noche por fin se acabó luego de un año de tortura, entonces… abriste los ojos… para nunca más despertar…

 

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