Relato 111 - La calle de los limoneros

¿Entonces a las 19:30 Hs. en el parque Limey?

Visto 15:23 Hs.

¡Dale! Nos encontramos frente al barranco. Llevo una blusa verde así me reconocés.

Visto 15:44 Hs.

Jajaja. Dale. Igual ya no va nadie al Limey. Imposible desencontrarse. ¡Nos vemos ahí!

Visto 15:47 Hs.

Llegué. Tranqui igual. Te espero :)

Enviado desde el móvil. Entregado 15 de Julio de 2030 — 19:23 Hs.

 

El parque Limey era un predio abandonado en el extremo oeste de la ciudad. Una gran nube de polvo terracota cubría el cielo y de ese color infernal lucían también las carreteras, los caminos, los edificios y los campos.

A las 19:20 Hs. Vicky se sentó frente al barranco. Llevaba puesta una blusa verde, un jean azul y zapatillas blancas. Un par de minutos después, se puso de pie de un salto: creyó ver una figura humana a unos doscientos o trecientos metros en una encrucijada de calles de tierra colorada. Saludó, pero no obtuvo respuesta. La otra persona, fuera quien fuese, siguió su rumbo sin siquiera mirar hacia el barranco. "No es Lucas". El silbido del viento ganó la atmósfera.

Vicky tenía la vista perdida en las calles del parque cuando oyó una voz:

¿Vicky?

¡Hey! ¡Hola!

Los jóvenes se abrazaron.

Es increíble. Es la primera vez que llego puntual a algún lado —dijo él.

Lo tomo como un cumplido. ¡Por fin nos conocemos!

Ahora me tenés que contar por qué querías que nos encontrásemos acá.

¡Sí! Sé que es un lugar poco pintoresco.

¿Poco pintoresco?

Bueno, bastante poco pintoresco, pero si subimos a esa lomada de allá —la muchacha señaló una colina que había hacia el Oeste—, vamos a disfrutar de una hermosa puesta de sol.

Vamos, entonces. ¿Hacía mucho que esperabas?

No, unos diez minutos.

La lomada empezaba a unos quinientos metros del barranco.

Mañana tengo que ir al dentista —dijo ella antes de que se generase un silencio incómodo.

Me dijiste. Por la muela de juicio.

Sí, no me gusta ir al dentista. El ruido del torno me pone nerviosa.

Es lo peor. Encima te dicen: "Levantá una mano si te hago doler". ¡No, genio, no me hagas doler y listo! Imaginate si yo le dijera a un cliente: "Señor, levante la mano si el mueble que hicimos para su cocina no entra".

Vicky explotó en una carcajada.

Hace un rato vi pasar a alguien —dijo ella.

¿Por acá, por el parque?

Sí.

Es muy raro. Hubiera jurado que no viene nadie por acá.

Yo también.

Algún espíritu, será... —bromeó él con una pantomima.

No seas pelotudo, Lucas, que me asusto.

La lomada era más empinada de lo que el joven había imaginado.

¿Creés que en algún momento la atmósfera va a volver a verse azul?

Dicen que no, que cada vez va a ser peor. Igual no sé qué creer. Cuando era chica nadie decía que la atmósfera iba a sufrir una crisis de nervios y se iba a poner roja.

Sí, por ahí está ruborizada no más.

Ella sonrió. De repente, Lucas gritó:

¡Hey!

¿A quién le gritas?

Allá abajo hay alguien. ¡Hola! ¡Acá arriba!

No me jodas, Lucas. No hay nadie.

Me pareció ver a alguien caminar por aquella esquina. En serio.

Lucas escudriñó en las calles que bordeaban el barranco y se extendían hacia el este. No había nadie.

Se fue. Debe ser la persona que viste vos antes.

Puede ser.

Se acercaba la noche y el viento levantaba la tierra.

Quizá llueva.

Espero que no.

Luego de algunos minutos, los jóvenes llegaron a la parte más alta de la lomada. La vista desde allí era imponente: al este, los edificios de la ciudad parecían desvanecerse entre la bruma y detrás de ellos, el río, se perdía en el horizonte. Hacia el oeste, el sol encendía las colinas desiertas.

Te dije que valía la pena subir.

Gracias.

De nada.

Tirititín. Tirititín

Mi celular. Un recordatorio.

Horrible esa música. ¿De qué te tenías que acordar?

Dentista.

¿Era hoy?

Parece que era hoy a las ocho.

La muchacha dejó de mirar la pantalla del celular para volver sus ojos a los de Lucas.

Vas a tener que sacar otro turno —dijo él.

Voy a tener que sacar otro turno —repuso ella mientras acercaba su rostro al del joven.

Se besaron.

Desde que llegaste al barranco que te quiero decir algo, pero me da vergüenza.

Decime.

Tu cara me resulta familiar...

Quizás porque se parece a la de mi foto de perfil.

Vicky rió.

No, tonto. En serio, siento como si te conociera de antes...

Aparecí en tus sueños. O nos conocemos de otra vida. O por ahí...

Vicky calló a Lucas con un beso.

¿Cómo conociste este lugar?

A veces vengo sola. —dijo ella, y agregó—: No sé, creo que es de esos lugares que uno simplemente conoce y no sabe con certeza cuándo fue la primera vez que estuvo.

Sí, te entiendo. Me pasa con algunos lugares. Uno simplemente los conoce... —corroboró Lucas sin demasiado convencimiento.

Se volvieron a besar, pero esta vez él sintió una rareza en los labios de ella, algo difícil de describir, como una especie de incorporeidad. Ella percibió lo mismo en los labios de él. Tomaron unos centímetros de distancia.

Vicky preguntó:

¿Tenés frío?

No, estoy bien. ¿Vos?

Estoy bien.

Permanecieron sentados uno al lado del otro, en silencio, con la vista en la ciudad que se extendía hacia el río.

Lucas cambió de tema:

¿Tenés alguna habilidad que no sirva para nada?

No entiendo.

Es un juego. Algo que sepas hacer, pero que no sea útil en la vida cotidiana. Yo puedo prender un cigarrillo con una sola mano, por ejemplo.

¿A ver?

Luego de la demostración, ella agregó:

Una objeción: te sirve cuando andas en bicicleta. Yo tengo una habilidad que de verdad no sirve para nada: ¡Imito muy bien a Eva Perón!

Lucas aseveró con una sonrisa. Vicky se puso de pie, levantó los brazos con las palmas extendidas y declamó:

"La patria no es patrimonio..."

Lucas estalló de risa hasta que se detuvo absorto.

"La patria es el pueblo... " —continuó ella con la vista al frente hasta que miró a Lucas y cambió su expresión—: ¿Qué pasa?

Tu brazo.

¿Qué tiene mi brazo?

Es extraño. Me pareció como que de repente... Nada. Me habrá parecido.

¿Qué? Ahora hablá.

No, una pavada.

Dale, decí.

No sé, fue como que si de golpe tus brazos se hubieran desvanecido.

Ay, Lucas. No es gracioso.

En serio. No es ningún chiste.

Vicky volvió a levantar los brazos y los giró.

Son brazos normales. ¿Ves? De carne y hueso.

Extendé las palmas como hiciste recién.

¿Así está bien? Cinco dedos en cada mano. ¿Los ves bien?

¡Santo Dios! ¡Pasó otra vez!

¡No seas idiota! Si me estás queriendo hacer una broma, no es gracioso. —La muchacha esbozó una mueca de hastío y agregó—: Vamos, ya está oscureciendo. No quiero volver sin luz.

Vicky enfiló por el camino de regreso. Lucas fue detrás, en silencio.

Bueno, tampoco es para que te ofendas. —dijo ella al cabo de unos cincuenta metros—. ¿Vas a ir todo el camino callado?

¡¿Qué?!

La respuesta de Lucas sonó a la distancia como si reverberara en un espacio inmenso. Vicky se dio vuelta. Estaban a unos veinte metros uno del otro.

¡Lucas! ¿Qué te pasa?

Nada me pasa. ¡¿A vos que te pasa?!

Lo que sucedía era extraordinario: ¡cada uno se desvanecía a los ojos del otro! El cuerpo translúcido de Lucas permitía a Vicky ver lo que había detrás y debajo él: la tierra colorada. El cuerpo translúcido de Vicky permitía a Lucas ver lo que había debajo de ella: la tierra colorada. Como un acto reflejo, cada uno miró su propio cuerpo, curiosamente, íntegro.

¡Lucas!

Era cada vez más difícil reconocer las palabras del otro.

¡Vicky!

¡No te vayas!

Vicky ahora estaba sola y repetía entre lágrimas:

No te vayas. No te vayas...

Lucas miraba sin entender el sitio donde hasta hacía un momento estaba parada su compañera.

Al cabo de unos segundos, ambos descendieron la colina en soledad.

 

Vicky llegó al barranco y se sentó en el mismo lugar donde se había citado

Quizá por pensar en la extraordinaria desaparición de su compañera, Lucas

con Lucas horas antes. Miró hacia la colina y luego hacia las calles del este.

no percibió que el cielo lucía más azul que hacía unas horas.

Vio un figura a la distancia y pegó un grito que hizo eco en todo el parque:

El joven permaneció en el lugar hasta que una figura humana a unos

¡Hey!

doscientos o trecientos metros llamó su atención: alguien pasaba por un

No estaba loca. Alguien cruzaba una encrucijada a unos doscientos o

cruce de calles. Sin perder tiempo, comenzó a correr. Sus pies pisaban

trescientos metros. Sin perder un segundo, Vicky comenzó a correr hacia

firme sobre el asfalto nuevo. A medida que se acercaba, se definía ante él

allí. Pero, de nuevo, como cuando ella la vio por primera vez, como cuando

la figura de una niña, que se alejaba por una calle arbolada.

Lucas dijo verla, aquella persona había desaparecido. El parque era un

¡Hola! —gritó Lucas.

páramo desierto. —¡Hey! ¡Hola! —volvió a gritar ella desesperada, sin

La pequeña se dio vuelta. El joven levantó un brazo e insistió:

obtener respuesta. No tenía sentido sentido seguir allí, en todo el parque

¡Disculpame!

no había rastro alguno de Lucas o de otra persona, y, además, era tarde,

¿Sí? —contestó ella con indiferencia, sin detenerse.

oscurecía. Dio media vuelta dispuesta a regresar a su casa, pero

Lucas se dio cuenta de que no sabía qué le quería decir o preguntar.

un movimiento repentino detrás de ella la detuvo. Volteó.

¿Me podrías decir la hora?

Nada. Era una lagartija. El reptil se había escabullido por detrás del tronco

La niña, sin ocultar la molestia, contestó: —¿Su reloj no funciona?

de un árbol moviendo unas hojas. Vicky se acercó. En el árbol no quedaba

Lucas echó un vistazo a su muñeca derecha. Allí podía leer 20:43Hs.

una sola hoja viva. Levantó la vista hacia el horizonte. La hilera de árboles

Se detuvo —mintió, sin entender por qué lo hacía.

muertos se extendía calle abajo.

Son las 20:43 Hs. —respondió la niña después de consultar su reloj.

Limoneros —dejó escapar en voz alta, y esbozó una mueca de sonrisa.

¿De qué día?

Llegaron a su cabeza imágenes de un puesto de ventas improvisado con

Ay, señor, son las 20:43 Hs. del 15 de Abril del 2018. ¿Dónde tiene la

un par de cajones de verduras y un cartel: "Limonada $5,00".

cabeza? ¿Me puedo ir? —La niña terminó con un gesto de hastío, y en ese

Vicky llevó una mano a la corteza del árbol que tenía frente a sí y miró el

Instante Lucas la reconoció: —¡Vicky!

cielo. Había pasado tanto tiempo...

¿Cómo sabe mi nombre? —La pequeña, asustada, comenzó a correr

¡Hay limonada! ¡Hay limonada!" Era la voz de ella, y la de su padre:

Lucas permaneció de pie, absorto, y siguió a la pequeña Vicky con la

"Más fuerte, hija. Más fuerte".

mirada. La niña alcanzó a un hombre que caminaba delante.

Aquellos recuerdos habían permanecido vedados durante años, como si

El adulto la recibió con un abrazo. Después le cruzó una mano por encima

hubieran sido prohibidos por la adultez o como si el paisaje infernal

del hombro y se alejaron. La mirada de Lucas fue del cielo azul al asfalto

del presente los negara. La joven Vicky avanzó por la calle resquebrajada.

nuevo y se detuvo en ese padre y esa hija que se alejaban calle abajo,

Y durante el resto de la tarde evocó a cada paso las caminatas

entre frondosos limoneros, mientras caía el sol, de espaldas a la ciudad.

que hiciera junto a su padre por la calle de los limoneros, mientras caía el

sol, de espaldas a la ciudad.

 

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