Relato 39 - El día en que llegaron los Antareanos.

Nave Alienígena Antares.
Posición geoestacionaria a 8320 metros sobre Nueva Antártida, Polo Sur.
T- menos 23’ para la partida.
Enero 21, 2113.

Desde los albores de nuestros primeros implementos de caza labrados en obsidiana, hasta nuestros motores de torsión espacial, había transcurrido un parpadeo, comparado con el tiempo que los dinosaurios reinaron sobre el planeta. Pero un fatal evento ocasionó su extinción y abrió la puerta para que pasáramos a encaramarnos a la cúspide de este reino. Aunque, lo que escalaríamos, solo sería la cima de nuestro ego.

La sociedad humana siempre creyó en sus avances, pero por siglos tan solo ha ido en círculos, encandilada por la lampara de oscuros predicadores de la ambición desmedida, como símbolo del progreso. Y así fue como llegó a un vasto continente, bajo el imperio de la espada y de la cruz, para teñir de sangre esas tierras, mientras sus salvajes habitantes morían de hambre por millones, y el oro saqueado pasaba de mano en mano, para terminar llenando las arcas de la civilización.

Seis siglos mas tarde, nos limitamos a indignarnos por la conducta de nuestros antepasados, argumentando que en el camino de la evolución social, el imperialismo y su avaricia disfrazada, era una etapa superada. Un resbalón en el fango. Algo tan sorpresivo, como el día en que llegaron los Antareanos.

Fue por Agosto de 2112, cuando la imagen digital del difunto Stephen Hawkins apareció en cadena global, anunciando con su voz robótica, desde los cartelones publicitarios de todas las ciudades, “el arribo de refugiados espaciales, provenientes de la turbulenta y agónica Antares que, poco después de su huida del sistema hacia la Tierra, se había convertido en supernova”. Al principio, creímos que era solo una campaña publicitaria, hasta que llegaron las primeras imágenes de su nave cubriendo con su sombra, un área de mas de 2000 kilómetros de Nueva Antártida. A partir de ese momento, Stephen 2.0 fue el enlace directo entre el presidente mundial y nuestros visitantes.

Poco les interesó que los llamáramos según la estrella de su sistema, y que a su nave la hubiéramos “bautizado” Antares. Poco nos interesó conocer su aspecto externo, cuando llegaron interesados en comprarnos todos nuestros desechos, que ellos empleaban, según nos dijeron, como materia prima para su combustible espacial. Fue así como a cambio de su tecnología alien, y un generoso pago en metálico, nos deshicimos de toda nuestra polución. En poco tiempo comenzó a desaparecer la nube de smog sobre Beijing ,Ulan Bator, Nueva Delhi ,Moscú, México, Nueva York, Santiago de Chile, así como las islas flotantes de plástico del Pacífico y los residuos atómicos y bacteriológicos de todos los vertederos secretos del mundo, para ser reemplazados por toda clase de artilugios antigravedad, y montañas de pellets de oro bicúbico; un producto de desecho en la producción de su combustible, que nos dieron como adelanto, y que inundó nuestra economía, incentivando el consumo, al mismo tiempo que empujaba a la baja a la cotización del oro terrestre. Pero eso no nos preocupó. Tampoco nos preocupamos cuando pidieron un lugar seguro y sin atmósfera, donde procesar sin riesgos para nosotros, todos los desechos. Les ofrecimos la Luna. Y todo el mundo contempló por cable, las gigantescas instalaciones que pronto construyeron en el extremo sur, en lo profundo de uno de los cráteres del cráter Clavius. Hasta aquel día en que un grupo activista de ciberhackers, identificado como Antonymous, intervino las comunicaciones interceptando la señal para apropiársela y difundir su proclama de “rechazo al invasor”. Desde entonces, nada mas se supo de los Antareanos, y la imagen de Stephen 2.0, fue reemplazada por un tipo con la mascara de un sonriente conspirador de comicos bigotes, salida de una mala película del siglo 20. Desde ese momento, los medios globales no hablaron de otra cosa. Pero solo conjeturaban sin fundamento, ya que el grupo no hablaba con la prensa y solo se expresaba con una voz distorsionada, a través de la señal del cable.

La información objetiva provino, inesperada, de un satélite de Tesla Corp., que rastreando la estela radial de la nave, a su salida del hiperespacio, corroboraba a Antares como su estrella origen, aún visible, por hallarse a unos 550 años luz de nuestro sistema solar. Pero del interior de aquella superestructura, nada llegó por mucho tiempo.

En las ciudades, ya nadie se preocupaba de aquellos problemas mundanos de toda la vida, y la política y la economía habían cedido el lugar al temor por lo desconocido, que generaba el silencio de esos lejanos viajeros. Y el temor dio paso a las habladurías, pues los humanos siempre fuimos hábiles para hablar de aquello sobre lo que no sabemos: La nave era invasora… La nave era solo una avanzada científica... Habían sufrido un percance... Precisaban combustible... Venían a robarse el agua... Venían a invadir... Venían en son de paz. Algunos especulaban con la imperiosa necesidad de conocer su lenguaje, para avanzar en su entendimiento. Otros comenzaron a discutir cuál sería su aspecto. Y no quedó fuera de debate en ningún programa de cable, la composición química del aire que respirarían esos seres. Pero hubo un tema que unificó a toda la población mundial, por que desde que lo corroborara el satélite, la gente solo hablaba sobre los Antareanos. Y el tema predilecto en disputa era: comerciar con ellos o atacarlos.

Fueron tres eternos meses, donde los gobiernos de las potencias tambalearon ante la acusadora mirada de un electorado tenso y angustiado por la espera, que exigía hicieran algo. Pero un movimiento en falso, ante una civilización tecnológicamente superior, podía ser trágico; y una perdida de confianza fue preferible a la extinción.
La tensión por la espera fue tan grande, que los psicoterapeutas no dieron abasto ni siquiera en consultas a distancia por la red. La gente estaba por estallar en cualquier momento, de no surgir novedades. Ya estaban hartos de oír lo mismo en los noticieros, y precisaban con urgencia el informe que les dejara conciliar el sueño; pues cada día transcurido, se sentía como un segundo de una cadena perpetua.

Pero lo que mas nos angustiaba, era tener que enfrentar, que todo nuestro esfuerzo en el camino por el avance tecnológico, había sido en vano. Nos enfrentábamos a una civilización desconocida, que nos había superado de una manera tan amplia, y habíamos caído tan hondo, que en lo mas oscuro de nuestras mentes, tan solo alimentábamos nuestro anhelo por que siguieran compartiendo con nosotros sus migajas.

Y un buen día, cuando todos pensábamos que ya no se podía caer aún mas profundo, el frío rostro de la rebelión reapareció, amenazando con volar las refinerías de la Luna, si el gobierno mundial no pagaba mil millones en oro, en el lapso de una semana. Por cinco días, no se supo nada de ellos, hasta que una fuente desconocida, delató la ubicación de orígen de la señal y, tras ser rodeados, fueron todos abatidos por las fuerzas especiales. Pero, aunque el líder cayó sin poder accionar el pulsador, las instalaciones Antareanas volaron con una onda de tal magnitud, que su destello iluminó todo el lado oscuro de la fase menguante; sus fragmentos atravesaron la atmósfera, y causaron estragos colaterales en una larga franja poblada de la Tierra. Poco después, el retroceso de las aguas, indicaba que la Luna estaba saliendo de su órbita, lo que según informes oficiales del Ministerio Geológico, devendría en un inexorable cataclismo global que destruiría todo el planeta. Entonces la metálica voz de Stephen volvió para informarnos.

―”Los Antareanos sienten que son responsables por lo ocurrido a la Tierra tras el lamentable atentado que sacó de órbita a su satélite natural, y les ofrecen un plan masivo de evacuación. Tan solo deben desactivar el campo de fuerza global y estar listos dentro de 45 minutos, con lo mínimo indispensable, para ser teleportados a bordo de su nave nodriza.” ― Dijo flotando desde la pantalla, sobre su silla antigravedad.

El tiempo entre recuerdos y abrazos voló, y en en un suspiro, todos, incluyendo las colonias submarinas, nos despedimos de nuestro planeta. Una vez que llegamos a su colosal nave, guiados por Stephen 2.0, pasamos por un control de escaneo sanitario y luego, por un largo pasillo inundado de un liquido lechoso que olía a desinfectante, que se adhirió a nuestro cuerpo como nuestra nueva indumentaria y segunda piel. Esperabamos pacientes por nuestro sueño criogénico, mientras nuestro planeta colapsaba bajo nuestros pies, cuando por los mamparos cristalinos de la bodega, vimos desolados pasar flotando nuestros equipajes, por el espacio exterior. Para cuando descubrimos que acondicionarían nuestros tejidos para superar los rigores del almacenamiento, por que nos estaban enviando a Rigel 5 para vendernos como ganado, fue muy tarde para llantos...
Lentamente, una densa nube de gas viene hacia nosotros, aplacandonos a medida que avanza por todos los compartimientos. Por suerte, aún conservo la cronósfera. Te rastreará por tu ADN. Cuando la recibas, tendrás la misma edad que yo cuando me la obsequiaste, abuelo.

―Eres nuestra última esperanza... Tim. ¡Debes llevar esta capsula de tiempo en tu próximo viaje escolar a la Nasa, y entregárselo en las manos al Coronel Patrick Wayland Jessup, del Departamento de Desarrollo Tecnológico y Defensa…! En su cubo de memoria, tienes toda la evidencia en video para que dejen prevenidas a nuestras autoridades actuales, antes de que asuman, que NO NEGOCIEN CON ELLOS, y así evitar esta abducción masiva...

En algún lugar del Desierto de Arizona – Febrero 23, 2018.

―… o el único rastro de humanidad que quedará, será nuestra colonia de androides terraformando Marte. No queda mucho tiempo. ¡La niebla ya viene …!
El futuro del mundo, está en tus manos...― Culminó el mensaje.

―Timoty Patrick O´Reilly! Qué fue lo que te dije…?― sentenció su madre, eclipsando el sol, sobre la duna, con los puños contra las caderas.― Existen dos tipos de hombres: Los que levantan ciudades… Y los que solo levantan basura.

―¡Pero, mamá…!― Rezongó el pequeño, que quería quedarse con lo que un instante antes, había llegado volando directamente hasta su guante de baseball.

―¡Trae eso acá..!― dijo severa, su madre.― No olvides, Tim... El futuro del mundo, está en las manos de los ambiciosos. No de los que recogen… chucherías― Intuitiva, apretó un botón y, tras desvanecerse el holograma de la figura humana, se quedó mirando la etérea esfera metálica, con ese escepticismo propio de quienes desprecian aquello que no entienden.

Bajaba el médano con su hijo de la mano, cuando arrojó sobre su hombro el extraño artefacto. No alcanzó a ver cuando éste desapareció en un parpadeo, mucho antes de tocar el suelo. Solo sintió su pulso electromagnético provocándole un tremendo vacío en el pecho... como si millones de almas dejaran de latir al mismo tiempo.

Consulta la comparativa de eReaders en Español, más completa de internet.

Podría interesarte...

También en redes sociales :)