Relato 03 - Ese curioso animal

 

 

ESE CURIOSO ANIMAL

 

Aunque necesitaba el aire externo del océano para respirar, Sigpy Eitel no alcanzaba a comprender cómo en esa pequeña proporción del planeta en la que no existía agua podía desarrollarse la vida, aunque para ser más precisos habría que decir que no dejaba de fascinarle; puesto que lo sabía perfectamente, pues sus años de estudios le habían aportado los conocimientos suficientes para saber que había especies cuya configuración corporal les permitía vivir en un medio tan hostil. De hecho tenía entre sus amigos a muchos de los pertenecientes a la denominada nación racional del exterior del agua a los que le unía una muy buena amistad.

Al igual que aquellos científicos que a pesar de conocer muchos de los secretos del Universo siguen manifestando una admiración infantil y cuasi primitiva por las puestas de sol, Sigpy Eitel estaba fascinado desde pequeño por todo lo que se hallaba fuera de su medio natural. Sus padres bromeaban muchas veces con él diciéndole que si se cubría el cuerpo con pelos podría parecer uno de los seres del exterior.

En aquellos territorios no tapados por el mar, el aire se tornaba más pesado y abrasador. En condiciones normales sus cuerpos se secarían con rapidez y morirían asfixiados ya que sus frágiles huesos, diseñados para nadar, no soportarían el peso de todo su cuerpo. En tiempos remotos su pueblo había tenido la bárbara costumbre de condenar a muerte a aquellos que cometían un delito llevándolos fuera del mar, para perecer abrasados por el sol o aplastados por su propio peso. Con el transcurrir de los siglos aquellos comportamientos fueron olvidándose y la paz trajo consigo un progreso científico considerable. El propio abuelo de Sygpi Eitel había comenzado a desarrollar una serie de vehículos que permitían salir al exterior y mantener el cuerpo erguido; es posible que de ahí procediese su pasión por ese mundo. Cuando tuvo la edad suficiente se dedicó en cuerpo y alma a estudiar la Historia Natural y a perfeccionar ese transporte. Hacía ya varias décadas que habían conseguido un modelo que permitía permanecer fuera del agua tanto tiempo como durase el depósito hidratante, que evitaba la desecación de la resbaladiza piel; otro antepasado suyo había ideado un traductor que permitiría transformar los ultrasonidos en las palabras de la especie racional de ese medio y que el propio Sygpi había perfeccionado.

Por su parte, el pueblo racional terrestre también había desarrollado su propia tecnología para entrar en el mar; aunque tal vez se trataba de artefactos más aparatosos, ya que necesitaban recubrir sus peludos cuerpos con trajes que evitaban la hipotermia y un depósito de aire para respirar porque para ellos era muy dificultoso nadar y salir al exterior a tomar aire. Por su parte, también contaban con un traductor en sentido inverso que transformaba sus aullidos en ultrasonidos.

Ambas naciones vivían en armonía separadas por las limitaciones descritas, que no impedían una fluida comunicación a través de la fibra óptica o, en menos ocasiones, las visitas de unos o de otros.

Era el propio Sygpi Eitel uno de los que tenía unas buenas amistades en el exterior como antes dijimos; se trataba de un aristócrata con espíritu aventurero llamado Odne Loir. Si el primero se sentía atraído por lo que pasaba en la tierra, la admiración del segundo hacia el mar no le iba a la zaga. Podríamos decir que sus caminos se cruzaron, o que representaban las dos caras de una misma moneda. El caso es que este personaje se especializó en estudios marítimos, al igual que sus antepasados y creó unos ingenios que permitían permanecer largo tiempo en el agua. Las idas y venidas de uno y otro fueron las que terminaron por enlazar ambos destinos.

En esta ocasión era a Sygpi a quien le tocaba realizar la visita. Como era su costumbre, dos horas antes de salir repasaba minuciosamente toda la equipación: cinturones de seguridad, combustible, hidratador, traductor. Todo estaba en orden. No obstante su amigo tenía la deferencia de guardarle varias botellas de hidratador y combustible para que pudiese permanecer más tiempo en su casa.

-Querido amigo, esta vez permíteme que vaya a esperarte a la playa acompañado de una patrulla. No tiene que producirse nada raro pero más vale estar prevenido. Creo que es preferible que no hagas en solitario el trayecto hasta mi casa aunque esté cerca del mar –había dicho Odne Loir el día anterior a través de las pantallas de fibra óptica.

Sygpi sabía perfectamente a lo que se refería, y aunque nunca tuvo ningún problema, si su amigo tomaba todas esas precauciones era porque existía un mínimo riesgo, con lo que en esos casos no se podía permitir ni un solo descuido.

Salvo por la presencia de diez agentes y la agradable compañía de su amigo, el trayecto hacia la mansión era el mismo de siempre: una recta avenida con palmeras a los lados que desembocaba en el gigantesco edificio en el que vivía Odne.

Quedaron a solas en la estancia en la que siempre tomaban sus aperitivos y hablaban de todos los temas posibles. Pero ambos sabían que siempre terminarían sacando la misma conversación:

-¿Estáis teniendo muchos problemas? Lo digo por la patrulla con la que me esperaste. Por la calle estaba todo normal.

-El otro día hubo que reducir a un grupo de cuatro cerca de la playa, habían atacado a uno de los nuestros. Se ve que procedían del exterior, que de alguna manera superaron la barrera protectora. No pertenecían a ninguna familia.

-¿Qué hicisteis con ellos?

-Uno de ellos, que era el más agresivo, tuvimos que matarlo en el momento. Los otros tres de momento van al depósito, a no ser que alguien los quiera como mascotas. Imagino que no, ya son viejos, no aprenden trucos y es casi imposible suprimirles esa agresividad; quizás algún comerciante lo quiera para guardar la tienda, pero no creo. Lo más seguro es que corran la misma suerte que el primero.

-Sabes que me gusta tener animales de todas partes en nuestro zoológico, a los terrestres cuesta mucho alimentarlos porque tienen que permanecer aislados del agua y para alimentarlos contamos con un sistema de secado instantáneo; para acceder a la limpieza de las jaulas tenemos el dispositivo adecuado. Sabes de sobra que también me gustaría tener uno de esos animales, porque son muy curiosos, pero soy consciente de que es imprevisible y en cualquier momento puede atacar, así que de momento tengo que conformarme con ver los documentales y venir aquí.

-Viejo amigo, nos conocemos desde hace mucho tiempo y ya sé que te estás muriendo de ganas de poder venir al patio a ver a nuestras queridas mascotas. Pues satisfaré tus deseos, ven conmigo.

Lo que Odne llamaba el patio, era precisamente eso mismo pero con una gran extensión. En el interior de la casa había una enorme superficie arbolada de 800.000 metros cuadrados, 600.000 de los cuales estaban protegidos por un sólido cristal que se elevaba a cien metros de altura; por su parte externa tenía una especie de andamios con ascensor por los que se podía subir y ver a una mayor altura lo que había al otro lado. Como era su costumbre, ambos amigos ascendieron a la parte más alta para observar a los animales.

-Juraría que la última vez había más plantas –Dijo Sigpy.

-Hábil observación, mi buen amigo. Así es, sin embargo este animal es muy particular, ya que corta los árboles, acumula la madera y aprovecha una mínima parte para construir sus viviendas, el resto la quema para entrar en calor. Pero claro, no conoce o al menos no lleva a la práctica la regeneración forestal. Sabemos que al igual que nosotros come de todo, tanto animales como plantas. Se observa que intentan crear cultivos y criar ganado, pero terminan arrasando con todo, así que somos nosotros quienes les tenemos que alimentar, pero tampoco concluyen los problemas; si les damos poca comida se abalanzan sobre ella y llegan a matarse entre sí, si por el contrario les ofrecemos para varios días, unos pocos se hacen con el control y les dan una ínfima cantidad al resto.

-Siempre me cuentas lo mismo y siempre lo escucho con la fascinación de la primera vez, tus sabias palabras calan hondo en mi corazón. Siempre te hago las mismas preguntas pero tus respuestas, aunque parecidas, nunca son iguales, cada nueva respuesta introduce una nueva clave, un nuevo conocimiento que se añade a los anteriormente adquiridos.

-No creo que sea para tanto, paso gran parte de mi tiempo con ellos; los estudio, los investigo. He dedicado gran parte de mi vida a intentar conocerlos mejor, cuento con un equipo de trabajo excepcional. Sin embargo, querido amigo, apenas sé de lo que acontece bajo el mar, y si no llega a ser por ti, sería totalmente analfabeto en esta materia. Tú ya poseías antes un gran conocimiento de este mundo terrestre. –Respondió Odne Loir.

-No seas modesto, que tus conocimientos sobre mi medio son admirables y aunque yo no existiese estos no sufrirían ninguna mengua. Lo que me llama la atención es la existencia de una criatura que sin llegar a ser racional guarda un gran parecido con vosotros. Nosotros no tenemos una especie similar; sospechamos que las orcas podrían pertenecer a una especie pre-racional, si bien las investigaciones todavía no son concluyentes.

-A lo mejor a ti por provenir de un mundo diferente, te parece igual a nosotros. Cierto que hay ciertas similitudes, como su esperanza de vida. Sin embargo fíjate en todas las diferencias que podemos encontrar. Apenas tienen vello corporal, y cuando se hacen viejos, muchos machos pierden el de la parte superior de la cabeza; con el paso del tiempo el pelo se les suele volver blanco; su piel es más delicada y con los años se arruga mucho. En general su envejecimiento es muy malo. Sólo saben caminar erguidos, son muy torpes para subir a los árboles, tienen muy poca agilidad. Eso sí, podríamos decir que poseen cierta clase de astucia. En ocasiones dejaban marcas en los cristales y escarbaban bajo ellas. Al principio pensábamos que se trataba de una manera de delimitar el territorio, pero en realidad buscaban una salida aprovechando la poca profundidad a la que está enterrado el cristal. Intentaban escapar, pero eso lo solucioné creando una barrera todavía más profunda, siguen intentándolo aunque llega un momento en que desisten.

-¿Tienen algún tipo de lenguaje?

-Es muy arriesgado responder afirmativamente. Realizan muchos gestos, especialmente cuando se enfadan; también representan símbolos sobre alguna superficie, pero desconocemos su interpretación. Emiten sonidos guturales a los que sí se les puede llamar lenguaje, ya que se observa interacción entre ellos, pero imagino que más bien se trata de un principio de lenguaje, ya que llega un momento que parece que ya no se entienden, empiezan a gritar y terminan pegándose. Cuando son capturados también gritan mucho e intentan atacar. Pero por otra parte son limitadísimos en sus comunicaciones; no saben olerse, no utilizan el tacto, son más simples que el resto de las especies.

-Pero tienen capacidad de aprender algo ¿no?

-Hasta cierto punto. Los ejemplares más jóvenes, si son cogidos de crías pueden aprender algo, ciertos gestos y ciertas palabras, pero a medida que van creciendo se hace imposible. Pierden totalmente la capacidad.

-Me hablas de ellos como una especie peligrosa, pero compruebo que hay familias que poseen algunos como mascotas, o sea que de alguna manera podrían adiestrarse.

-Fíjate que todos los que son mascotas son crías menores de diez años. Son muy simpáticas, juguetonas y aprenden trucos con facilidad. A partir de esos años su mantenimiento es costoso y se les empieza a estropear el carácter. Las hembras al hacerse adultas son insoportables como animal de compañía, te atacan a traición, cuando más confiado estás, roban objetos pequeños y brillantes. De los machos, qué podemos decir; que atacan y destruyen todo lo que se encuentran, que buscan en nuestras despensas bebidas estimulantes que consumen hasta caer redondos, que intentan robar los vehículos pero se ve que desconocen cómo regular la dirección y la velocidad porque salen disparados en línea recta, no saben frenar y se estrellan. Lo mejor es que cuando dejen de servir como mascotas vayan a los jardines como los que tengo yo, los mandemos a los depósitos o nos los comamos. Recientes investigaciones parecen haber demostrado algunas habilidades en ellos, como que las hembras tienen cierta capacidad para realizar tareas domésticas, y que los machos son útiles para la seguridad. Eso sí; en ambos casos han de estar encadenados y hay que llevar protección especial por si atacan repentinamente.

-Pero yo he visto policías que los llevaban tranquilamente, los acariciaban con la mano desnuda, les daban golpecitos amistosos. No pasaba nada.

-Aunque agresivos, nunca van a dejar de ser animales, si bien el adiestramiento es duro. Pero la base de todo está en el reflejo condicionado: si haces lo que quiero tienes recompensa, en este caso bebida estimulante; si no lo haces no hay bebida, si sigues sin hacerlo descarga eléctrica. La policía está empezando a criar machos desde los cinco años para que aprendan a defender la propiedad frente a los suyos propios.

-¿Y son capaces de atacar a los de su especie?

-Amigo mío, eso es lo que mejor hacen.

-¿Son comestibles? Porque antes algo dijiste sobre ese particular.

-Estos que están aquí no, pues su alimentación es mala, con lo que su carne es de mala calidad y encima es correosa. Lo mismo les pasa a los que se hallan en estado salvaje. Si quieres comer uno tienes que encargarlo en las granjas especiales, donde con una alimentación adecuada de carnes grasas adquieren un gran volumen y un sabor muy bueno. Las mejores partes son los muslos de las hembras y la barriga y los genitales de los machos. El resto se tira porque no tiene ninguna utilidad. La próxima visita la realizaré yo al fondo del mar, y te prometo que te voy a llevar unos platos exquisitos.

-Ya sé que lo que voy a decir está totalmente descartado por la comunidad científica, pero siempre me queda la duda de un posible proceso de evolución de las especies hacia otras mejor preparadas, fíjate en ellos, es como si fuesen como vosotros pero en primitivo.

-Querido amigo, por momentos me sorprendes. Eres un gran sabio, pero sabes de sobra que las teorías evolutivas fueron desterradas hace muchos años. Otra cosa es la capacidad de progreso material e intelectual de cada especie. Nosotros siempre tuvimos pelo, subimos a los árboles y podemos caminar tanto erguidos como a cuatro patas y la situación no tiene visos de cambiar. Estas criaturas son como son y suponer que los dedos de los pies se les van a poner como nosotros es impensable. Son primitivos y siempre lo serán. Me recuerda a lo que dicen ciertos colectivos de amantes de los animales. Según ellos tienen derechos y los quieren equiparar con nosotros alegando similitudes de forma y algo que es una organización pre-racional. Precisamente hace unos días liberaron a todos los que había en el depósito y sembraron el caos por toda la ciudad. Las fuerzas especiales tardaron más de 36 horas en volverlos a capturar. El castigo que reciben estos delincuentes es proporcional a su delito. Me explico; ya que son tan amantes de los animales se les encierra en una jaula con cuatro o cinco de aquellos que supuestamente son como nosotros. Tienes que ver cómo pierden toda esa seguridad que antes tenían y suplican que los saquemos de ahí, no sin antes dejarlos sufrir unos cuantos minutos más mientras tratan de escapar por dentro de la jaula de los ataques de los animales. No son tan fuertes como nosotros, pero sí muy fieros, con lo que algún daño pueden causar. Últimamente se están convirtiendo en un acontecimiento social las detenciones de amantes de animales y su posterior encierro, es algo con lo que te ríes mucho.

Ambos amigos siguieron hablando durante horas; se interesaban por las familias, por los progresos técnicos, otra vez los animales… sin duda ambos pueblos racionales, el del mar y el de la tierra sabían convivir en armonía así como aprovechar los recursos naturales y desarrollar su tecnología de manera conjunta. Uno de los mayores logros había sido el anteriormente nombrado traductor simultáneo, que permitía las conversaciones entre ambas especies sin necesidad de que nadie tuviese que abandonar su manera de comunicación; unos a través de ultrasonidos, por medio de aullidos los otros.

Había transcurrido un día entero cuando Sygpi comprobó que al hidratador le quedaba poca reserva y decidió poner fin a la visita. Odne se brindó a acompañarle hasta la orilla del mar no sin antes ofrecerle los hidratadores que guardaba, algo que Sygpi rechazó cortésmente. Mientras iban por la ancha avenida, al primero le surgió la siguiente cuestión:

-Siempre hablamos de esos animales tan curiosos pero nunca supe cómo se llama. Simplemente no se me ocurrió preguntar.

-El nombre más técnico que se les da es el de pre-racionales, precisamente porque aunque están un poco más avanzados que el resto de los animales, no tienen el mismo desarrollo que nosotros. Por decirlo de una manera más coloquial, son un eslabón intermedio. Sin embargo el nombre familiar es el de “mono”.

-¿Y eso a qué se debe?

-Como te había comentado, son seres que emiten sonidos guturales que les sirven para entenderse entre ellos, pero que en ningún momento puede ser considerado como un lenguaje propiamente dicho. Cuando son capturados comienzan a mostrarse muy agresivos y a emitir una serie de sonidos incomprensibles, pero uno de los pocos que alcanzamos a percibir es ese precisamente.

-¿Qué significado se ocultará tras él?

-Los lingüistas están barajando ciertas hipótesis basándose en su actitud corporal, pero no se ha llegado a nada en concreto. Unos dicen que es un grito de súplica, otros que es una llamada a los congéneres para que les ayuden o escapen. Yo mantengo que no son capaces de comunicarse con efectividad y a las pruebas me remito: cada vez que intentan establecer lo que nosotros llamamos conversación se pelean unos con otros.

 

Ocho meses después:

“Estimado amigo Odne: dentro de un mes vas a rendirnos visita a las profundidades del océano, aún así me gustaría escribirte estas líneas de mensaje por fibra óptica vía mar – exterior del mar, o simplemente tierra, como vosotros le llamáis.

Agradezco enormemente todos los envíos de monos, como vosotros decís, que realizaste durante este periodo de tiempo. Todo un detalle por tu parte mandarnos ejemplares vivos para su estudio. Por cierto, esos platos que tú decías exquisitos son una auténtica bazofia. En fin, supongo que nuestro sentido del gusto no está igualmente desarrollado, qué le vamos a hacer. A lo mejor es que la comida que vosotros les dais para cebarlo no sea la adecuada en este medio. Nosotros estamos experimentando una alimentación con medusas trituradas y algas rojas; todavía no sabemos nada, pero es posible que cuando vengas por aquí podamos sacrificar un ejemplar en tu honor.

Lo que sí es muy divertido es meterlos en un tanque de cristal, atarles los pies y dejar que el agua entre, cuando están totalmente sumergidos intentan aguantar la respiración y se ponen como locos para buscar una salida. Tienes que ver las caras que ponen, son para troncharse. Luego abren la boca, les entra el agua en los pulmones y se mueren. No aguantan nada.

Lo que sí en cambio encontramos muy apetitoso son sus ojos frescos, y aquí hallamos otra fuente de diversión, que se ha convertido en todo un acontecimiento; tras realizar esta operación, siempre en seco, claro, llevamos a varios de ellos a otro tanque aislado de reducidas dimensiones. Al no tener órganos de visión no saben hacia dónde van y corren sin rumbo mientras chocan contra las paredes o entre sí. Es un espectáculo divertidísimo, espero que cuando vengas puedas verlo.

Al que queda vivo una familia lo adopta como mascota previa subasta, aunque de todos modos es un animal inservible hay familias que están dispuestas a pagar una suma considerable; tienen que permanecer aislados en sus depósitos sin agua, al estar ciegos apenas se mueven, ni siquiera saben orientarse para saber dónde tienen la comida. Raro es aquel ejemplar que dura más de diez días.

Sin más, me despido y ansío tu visita.

Un cordial saludo.

Sygpi Eitel.

PD: nosotros tenemos otro nombre distinto para este curioso animal. Nunca le hemos oído eso de mono o algo que se le parezca. Le llamamos blublub; es el ruido que emite cuando se ahoga en el agua”.

 

EPÍLOGO: mil quinientos años antes…

Paradójico resultaba el hecho de que a pesar de la terrible crisis económica el Gobierno decidiese realizar una fortísima inversión en un proyecto científico del que sólo se conocían unos fundamentos teóricos. Todo había sido camuflado a la opinión pública en forma de investigación para erradicar definitivamente el cáncer, de manera que si en algún momento podía salir mal todo sería atenuado por la buena causa a la que en teoría estaba destinado.

La realidad era mucho más prosaica. Simplemente había que ahorrar en gastos sociales y todo pasaba porque ciertos trabajos careciesen de sueldo y de seguros médicos. Como la sociedad no iba a tolerar que se le negase aquello por lo que tan largamente había luchado, bastaba con que ciertas labores la realizasen aquellos que no tenían derechos laborales; en tiempos pasados eran llamados esclavos, en el futuro serían los animales.

El proyecto en cuestión consistía en sustituir de los embriones animales una secuencia de ADN propia por otra exclusivamente humana. Una vez que naciese la cría se procedería a su estimulación cerebral y al aprendizaje del trabajo al que estaría destinado; en un principio descargar cajas y trabajar en minas. Con el tiempo se pensaban utilizar como barrenderos, ayudantes de enfermería, compañía para ancianos y quién sabe si podrían ser empleados con fines bélicos; sabrían manejar armas de fuego, no habría que pagarles nada, ni nadie los echaría de menos una vez que cayesen en combate.

Los experimentos con chimpancés estaban siendo satisfactorios. La primera generación de mutados estaba respondiendo muy bien a las expectativas, aprendían con velocidad las claves de su trabajo. Si todo seguía igual serían ellos mismos quienes enseñasen a sus descendientes a trabajar, con lo cual la comunidad científica podría realizar un menor esfuerzo.

Quedaba, sin embargo, el poder realizar esa misma tarea con los delfines. La mutación genética no era muy complicada, pero sí lo era la estimulación cerebral, ya que al realizarse de forma eléctrica, los animales sufrían mucho porque el agua conducía rápidamente los impulsos. El siguiente paso sería extraer al animal aquella parte del cerebro que respondía a los impulsos eléctricos. La operación tendría que realizarse a través de los orificios nasales y sería un proceso muy doloroso a pesar de la anestesia.

Desde su pequeño tanque, el delfín observaba aterrado a aquel individuo con una bata blanca que venía a ponerle la enésima inyección en los últimos tres días. No podía escapar, pues el depósito se ajustaba a su cuerpo. Quería suplicarle que lo dejase en paz, que sufría mucho, que aprendería todos los trucos que le pidiesen, pero que por favor dejasen de darle descargas eléctricas y de ponerle inyecciones que le hacía sufrir terribles pesadillas; apenas pudo emitir un chillido que para el hombre resultaba incomprensible. La aguja penetró dolorosamente en su aleta izquierda, sintió el frío de la anestesia extenderse por todo su cuerpo. Derramó unas lágrimas de dolor y se durmió. Cuando despertó, ya nada era igual.

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