Relato 01 - Decreto de Retiro Optativo

 

 

Decreto de Retiro Optativo

 

 

 

Los escritores de ciencia-ficción en los dorados años 50 y 60 casi siempre profetizaban un futuro en donde el ser humano cada vez necesitaría trabajar menos, gracias a la automatización, esto le permitiría disfrutar de un mayor tiempo para el ocio, la cultura y otros intereses no vinculados al mundo laboral.

 

No pasaron muchos años hasta que comenzara a vislumbrarse que el futuro, pintaba mucho menos idílico de lo que sus plumas habían imaginado, y es que casi ninguno introdujo en la ecuación el hecho de que también aumentaría el nivel de vida, y el consumo energético, de manera que para mantenerlo, no solamente habría que trabajar lo mismo, sino que habría que hacerlo más.

 

Poco antes de establecerse el Decreto de Retiro Optativo, el desembolso de las arcas públicas en concepto de pensiones rozaba la mitad de lo que recaudaban, y un siglo atrás, en 2012, era ya del 37%. En esa época, la edad de jubilación se había fijado a los 67 años, mientras que el porcentaje total de impuestos que abonaban los contribuyentes al erario, era del 35%.

 

Sucesivas crisis y micro crisis económicas alternadas, dibujaron un panorama menos halagüeño todavía. Paulatinamente se incrementaron los impuestos, y se redujeron las prestaciones sociales de cualquier índole, por lo que ya no sólo era cuestión de trabajar más, sino también durante más tiempo.


Por fortuna, los avances científicos posteriores, nos permitieron aumentar nuestra esperanza de vida, de modo que salvo accidente catastrófico, o enfermedad sin posibilidad de remplazo orgánico, era factible rozar los 150 años, y elegir por nosotros mismos, cuando queríamos jubilarnos.


Suena maravilloso, pero todo tiene un coste.

 


 

Me llamo Martin, tengo 76 años y gracias a Dios mi salud es perfecta, sin ningún problema de relevancia hasta el momento (crucemos los dedos). No en vano con casi 40 años trabajados a lo largo de mi vida, he acreditado el derecho a gozar de un aspecto físico equivalente al de un hombre maduro de cincuenta y pico años “de los de antes”.


Hace un par de semanas que abandoné mi puesto como programador informático en una empresa de tamaño mediano, y ahora me encuentro en la tesitura personal de si debo reemprender mi carrera profesional en otro sitio, o bien sería más conveniente acogerme al Decreto de Retiro Optativo, y jubilarme para siempre.


Para algunos representa asumir que se va a empezar a morir, consumiendo lo que se ha ido ganando. En cambio para otros es justo lo contrario, el comienzo de la vida sin la atadura del trabajo, y la consiguiente capacidad de dedicarse a lo que uno quiera. Yo lo veo solamente como un eufemismo, que te obliga a decidir si ya ha llegado, o no el momento.


Las normas son así de sencillas, por un lado, cada año trabajado conlleva 3 meses de paga íntegra que se acumula a tu futura pensión. Por otro, te da derecho a un tratamiento de Telomeral® a cargo de las cuentas públicas, que de media ralentizará tu envejecimiento por esos mismos 3 meses. Si eres rico, las normas son todavía más fáciles, y ni siquiera es necesario haber trabajado. Basta con que pudieras pagar de tu bolsillo los costes de tu tren de vida, y el tratamiento anual.


Han sido ya muchos años de intenso trabajo y presiones constantes, así que poder comenzar mi retiro, no suena nada mal. Si decido hacerlo, tengo acumulados algo más de 10 años de paga, lo que me condenaría a vivir el resto de mi existencia tirando de los escuálidos ahorros que he conseguido, mientras los administro lo mejor posible.


He considerado también que en cuanto me jubile, se me privará de mi derecho al tratamiento anual de telómeros (Telomeral®), de manera que voy a empezar a envejecer al ritmo biológico normal, con el malestar y los achaques que ello pueda implicar en el futuro.


Por supuesto que he pensado en la posibilidad de adquirir el tratamiento por cualquiera de las vías no-oficiales, empero con su elevado coste, mis reservas económicas se agotarían en todavía un tiempo menor.


Podría esperarme durante 10 o 20 años más, y continuar dignificándome con el trabajo diario, seguramente así las cosas serían más sencillas. Podría retirarme con 90 años, y disfrutar de 15 o 20 años más de jubilación totalmente cubiertos con mi pensión, reservando los ahorros para cualquier eventualidad.


Tengo amigos que no han llegado a disfrutarla, desafortunados accidentes, han acabado con sus vidas antes de que pudieran hacerlo, y eso es una razón más para decidirme. Por lo demás, los órganos sintéticos, pueden reparar cualquier daño degenerativo o por enfermedad que mi cuerpo pudiera contraer, y de una forma tan sencilla como es para un especialista el cambiar la pila de un reloj. Salvo el cerebro, por supuesto, del que a pesar de los esfuerzos, de momento no tenemos recambio. Todo lo demás está cubierto y garantizado.


Este último argumento, me perturba sinceramente, porque en cuanto abandone el Telomeral®, sé que las posibilidades de patología orgánica aumentarán progresivamente como consecuencia del envejecimiento más rápido, y dentro de estas posibilidades, está naturalmente, que puedan afectar al cerebro. Un ictus, un tumor, …


He revisado los datos de 2111 publicados por la OMS en internet, y el porcentaje de daños cerebrales a partir de los 75 años es bastante bajo, del orden de un 2% dependiendo de variados factores, por lo que lo tengo decidido. Mañana iniciaré los trámites para acogerme al Decreto de Retiro Optativo.


Ante esto, se me plantea una nueva decisión, tal vez más importante y compleja que la primera… ¿Qué voy a hacer con tanto tiempo libre?

 

FIN

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